La memoria no se reduce a una función cerebral, biológica, físico-química o neuronal, es decir, las diversas instancias relativas a la ciencia son sólo una parte para los horizontes de comprensión y entendimiento del ser humano. Sin embargo, existen otras relaciones que atañen a ámbitos de la filosofía, como el pensamiento, las emociones, y la facultad de conocer, por ejemplo.
Los abismos atraen. Yo vivo en la orilla de tu alma. Inclinado hacia ti, sondeo tus pensamientos, indago el germen de tus actos. Vagos deseos se remueven en el fondo, confusos y ondulantes en su lecho de reptiles.
¿De qué se nutre mi contemplación voraz? Veo el abismo y tú yaces en lo profundo de ti misma. Ninguna revelación. Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia. Nada sino el ojo que me devuelve implacable mi descubierta mirada.
Narciso repulsivo, me contemplo el alma en el fondo de un pozo. A veces el vértigo desvía los ojos de ti. Pero siempre vuelvo a escrutar en la sima. Otros, felices, miran un momento tu alma y se van.
Yo sigo a la orilla, ensimismado. Muchos seres se despeñan a lo lejos. Sus restos yacen borrosos, disueltos en la satisfacción. Atraído por el abismo, vivo la melancólica certeza de que no voy a caer nunca.
"En el fondo hay quizás solamente dos grandes maneras, dos grandezas más bien, en esta locura de escritura por la cual quien sea el que escribe se borra dejando a la vez, para abandonarlo, el archivo de su propia borradura. Estas dos últimas palabras dicen la locura misma. […]
Dos medidas para este acto de escritura por el cual quienquiera que escribe finge borrarse dejándonos apresados en su archivo como en una tela de araña.
Simplifiquemos al máximo. Está en primer lugar la grandeza de quien escribe para dar, dando, y por tanto para dar a olvidar lo dado y la donación, lo que se da y el acto de dar. Más allá de todo regreso, de toda circulación de toda circunferencia. Es la única manera de dar, la única posible –e imposible. La única posible como imposible. Antes de toda restitución, simbólica o real, antes de todo reconocimiento, la simple memoria, a decir verdad la sola conciencia del don, de una parte o la otra, anula la esencia misma del don. Este debería de abrir o romper el círculo, permanecer sin retorno, sin el esquema, aunque sea simbólico, de un reconocimiento. Más allá de toda conciencia, por supuesto, pero también de toda estructura simbólica del inconsciente. Una vez recibido el don, y habiendo hecho su acción la obra cambiándonos de parte a parte, la escena es otra y os habéis olvidado el don, el donador o la donatriz. La obra es entonces “pasible de amar” *, y si el “autor” no ha sido olvidado, tenemos para con él un reconocimiento paradójico, el único sin embargo digno de este nombre si el reconocimiento es posible, un reconocimiento simple y sin ambivalencia. Esto es lo que se llama amor, yo no digo que eso ocurra, tal vez no se presente nunca, y el don que describo jamás puede hacer un presente. Pero por lo menos se puede soñar con esta posibilidad, y es la idea de una escritura que da.
De la otra grandeza diré, sin duda con cierta injusticia, que para mí se parece a la de Joyce, más bien a la escritura de Joyce. El acontecimiento desarrolla ahí una intriga y una envergadura tales que en lo sucesivo no tendréis otra salda que: estar en la memoria de él. No solamente desbordados por él, lo sepáis o no, sino obligados por él, constreñidos a mediros por este desborde.
Estar en la memoria de él: no necesariamente para acordarse de él, no, estar en su memoria, habitar una memoria que se ha hecho más grande que vuestro recuerdo y que lo que él puede reunir, en un solo instante o en un solo vocablo, culturas, lenguas, mitologías, religiones, filosofías, ciencias, historias del espíritu o de las literaturas. No sé si podréis amar eso, sin resentimiento ni celos. ¿Se puede perdonar esta hipermnesia que nos endeuda de antemano? De antemano y para siempre se inscribe en el libro que leéis."
Derrida, Jacques. Ulises Gramófono / Dos Palabras para Joyce. p. 10 - 12
*Pasible de amar (Sic.)
La referencia al pie de página es mía. Por ser testigo de la confusión y cambiar pasible por posible o creer que es un error de edición, etcétera.
Con motivo del término de un año y el comienzo de otro; ciclos cronológicos y simbólicos...
"Reinventarse es el eje temático para el número del mes de enero de la revista DMyC y, sin lugar a duda, en diversas sociedades, es motivación preformativa al deseo de cambio, renovación y transformación, especialmente en vísperas de un acontecer que trastoque la vida cotidiana..." Dar 'click' para leer el artículo completo
Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo.
Ya tarde abrí los ojos. Por el segundo de un segundo sentí lo que el azteca, acechando desde el peñón del promontorio, por las rendijas de los horizontes, el incierto regreso del tiempo.
No, el año había regresado. Llenaba todo el cuarto y casi lo palpaban mis miradas. El tiempo, sin nuestra ayuda, había puesto, en un orden idéntico al de ayer, casas en la calle vacía, nieve sobre las casas, silencio sobre la nieve.
Tú estabas a mi lado, aún dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día.
Estabas a mi lado y yo te veía, como nieve, dormida entre las apariencias. El tiempo sin nuestra ayuda, inventa casas, calles, árboles, mujeres dormidas.
Cuando abras los ojos caminaremos, de nuevo, entre las horas y sus invenciones y al demorarnos en las apariencias daremos fe del tiempo y sus conjugaciones. Abriremos las puertas de este día, entraremos en lo desconocido.